Mercadillo
Hacía tiempo que quería acercarme a un mercadillo, y, cosas de la vida, hoy me he visto inmerso en el que ponen los viernes en la maravillosa ciudad patrimonio de la humanidad que es Úbeda.
Un mercadillo es un submundo en sí mismo, daría para hacer un estudio sociológico que posiblemente eclipsaría cualquier muestra tomada en otra circunstancia o lugar.
Me voy adentrando en la amalgama de puestos, algunos intentan prolongar sus techados con lonas que amortiguen un poco el achicharrante sol que ya hace estragos a las 11 de la mañana, me voy introduciendo en la mezcla de olores, personas y demás y ya de primeras me doy cuenta de que la palabra más repetida es uneuro; pienso en el favor tan grande que habrá supuesto para estos mercaderes la integración en la moneda única europea, no es lo mismo repetir hasta la saciedad “todo a 100 pesetas” o incluso “todo a veinte duros”, que “todo a uneuro”, esto último es mejor, evidentemente.
Camino esquivando las excusas y reproches de las madres con carritos atropelladores, una señora me da un coletazo en toda la cara cuando gira bruscamente la cabeza buscando con ansia esa oportunidad latente, pieles de diversa índole, tacto y humedad se rozan contra la mía, y voy agradeciendo a Rexona el bien que ha hecho a la humanidad con aquello del no te abandona, a pesar de que constato que a mas de uno y una les abandonó hace tiempo…
Masoquistas a granel, gente que se queja, que dice que no aguanta, la verdad es que llega un momento en que parece imposible moverse, “niña, me estoy poniendo mala”, me giro temiéndome lo peor, “¿Qué te pasa?”..”na, hija, que ya me he gastao más de lo que llevaba”
En ese atasco en hora punta, cuando piensas que es imposible avanzar, hay personas que tienen la capacidad de deslizarse entre la marea humana sin apenas rozarse, intento imitarlas, pero definitivamente no tengo ese don y me resigno a seguir siendo parte de la masa humana.
Hay otro tipo de masoquistas además de los clientes, algunos vendedores instan a los clientes a aprovecharse de ellos “venga guapetonas, aprovecharse hoy”, y otros parece que conocen perfectamente al comprador “¿pero que os pasa hoy?”… Otra conclusión que saco es que aquí todo es de marca, original, y no hay nada de los chinos, y ahora entiendo porqué se ve a tanta gente con ropa de cocodrilos y jugadores de polo, el mercadillo hace la labor social de acercar estas exclusivas prendas al público a precio razonable, de hecho, yo llegué a pensar que dónde estaba la crisis con tanta gente vestida de marca, y ahora entiendo que muchos habrán acudido a surtirse a estos integradores sociales que son los mercadillos, de hecho, incluso marcas como Zara y Berska tienen sucursal aquí, a pesar de no indicarlo en su listado de puntos de venta.
Cuando me quedan 100 metros para terminar este fantástico recorrido, opto por salirme, y voy tan contento con mi bolsita de plástico, (si, aquí en el mercadillo todavía no te la cobran), conteniendo un polo azul (de algodón 100 por 100 eh amigo?), el único que he podido encontrar sin marca en todo el mercadillo.